SONETO

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Pilar Iglesias de la Torre:
Un soneto es una composición poética de origen italiano, que consta de catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Los cuartetos deben compartir las mismas rimas, y los tercetos pueden componerse a gusto del poeta con la única condición de que compartan al menos una rima, si bien en el soneto clásico suele presentar el esquema CDC DCD o CDE CDE. La estructura métrica del soneto es, pues, ABBA ABBA y CDC DCD o CDE CDE. Algunas veces, en el soneto clásico, los cuartetos pueden ser sustituidos por serventesios: ABAB ABAB; y más rara vez, por la unión de un serventesio y un cuarteto, o la de un cuarteto y un serventesio; esto es, ABBA ABAB o ABAB ABBA.


La regularidad y simetría del soneto obligan a la precisión y la concisión de las ideas. La estructura de sus rimas permite juegos de oposiciones y correspondencias que expresan las tensiones de la vida interior del poeta. Por eso, el soneto se caracteriza por su fuerte coherencia interna, y permite alcanzar una estrecha correlación entre la forma y el contenido.


SONETO EN LENGUA CASTELLANA


El primer intento documentado de adaptar el soneto a la lengua castellana es obra de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (1398-1458), con sus cuarenta y dos Sonetos fechos al itálico modo. Los sonetos del marqués de Santillana suelen tener rima alterna en los cuartetos (ABAB-ABAB), y en los tercetos siguen el esquema CDC-CDC, o, a veces, CDE-CDE. Sin embargo, dichos sonetos tienen bastantes deficiencias técnicas y formales, y el soneto no arraigó en la literatura castellana. Hubo que esperar hasta 1526, año en que el poeta barcelonés Juan Boscán, tras una conversación en Granada con el embajador veneciano Andrea Navagiero, acometió la difícil empresa de adaptar el verso endecasílabo a la lengua castellana. En este empeño, que encontró en sus comienzos muchos detractores, contó con la ayuda de Garcilaso de la Vega, varios de cuyos sonetos se cuentan entre los más perfectos de la literatura en lengua castellana. Desde Garcilaso hasta el modernismo, el soneto castellano tuvo una estructura fija en los ocho primeros versos (ABBA:ABBA), y más libre en los seis últimos, con las combinaciones CDE:CDE, CDE:DCE, CDC:DCD, como las más utilizadas. Importantes sonetistas fueron en el siglo XVI, además de Boscán y Garcilaso, Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de Acuña, Fernando de Herrera y Gutierre de Cetina, entre muchos otros.

El soneto es cultivado por los principales poetas, como Lope de Vega, Góngora, Quevedo, Calderón, Sor Juana y Cervantes. Este último utiliza variantes, como el soneto con estrambote o el soneto dialogado. Los temas del soneto son muy variados, desde el amoroso al satírico, pasando por los morales y metafísicos (en los que destacó Francisco de Quevedo). Los autores barrocos juegan con la forma del soneto, pero no lo alteran en su estructura esencial, que continúa siendo la consagrada por Garcilaso y Boscán.

En el período neoclásico decae el uso del soneto, aunque es cultivado por autores como José Cadalso o Meléndez Valdés, entre otros. Tampoco el Romanticismo español le presta mucha atención: en las Rimas de Bécquer, por ejemplo, se encuentra un único soneto. La principal renovación del soneto en castellano se produce a finales del siglo XIX, con el triunfo del modernismo.

En los sonetos modernistas lo más frecuente es el orden clásico de los cuartetos, pero se usaron también, por influencia del parnasianismo francés, las combinaciones ABAB:ABAB y ABBA:CDDC. En esta época aparecen varias innovaciones métricas: se utilizan versos de otras medidas, desde trisílabos hasta hexadecasílabos, aunque los más utilizados son los alejandrinos, como el conocido soneto "Caupolicán", en el libro Azul, de Rubén Darío; además, aparecen sonetos polimétricos, que emplean en el mismo poema versos de diferente medida (lo utilizó también Darío, en su soneto dedicado a Cervantes, mezcla de endecasílabos y heptasílabos; Manuel Machado lo utiliza en su soneto "Madrigal de madrigales", compuesto de versos de 7,9,11 y 14 sílabas).

Una curiosa invención modernista es el sonetillo, soneto de arte menor, que tiene precedentes en el Siglo de Oro y en el Neoclasicismo (Tomás de Iriarte, por ejemplo, usa en algunas de sus fábulas un soneto en octosílabos).

Es muy frecuente también el soneto en la obra de los autores de la generación del 27, sobre todo en Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti; García Lorca cultivó esta forma en sus Sonetos del amor oscuro. Posteriormente, algunos poetas, como Jorge Luis Borges, cultivan el soneto inglés o soneto shakespeariano, que consta de tres cuartetos y un pareado final, o bien escriben sonetos sin rima, como Pablo Neruda. El soneto mantuvo su vitalidad durante la posguerra gracias a autores que supieron renovar su sonoridad y retórica, como Blas de Otero y Carlos Edmundo de Ory. Durante los años sesenta y setenta cayó en un relativo descuido, pero las generaciones posteriores a los novísimos (y algunos de éstos, como Luis Alberto de Cuenca) han retomado su uso, con un fervor no exento de ironía.



SONETO EN LENGUA FRANCESA


En Francia, el primer sonetista conocido fue Clément Marot (1496?-1544), creador del llamado soneto marótico (sonnet marotique), que algunos autores franceses llaman también, por su origen, soneto italiano, cuya estructura es ABBA,ABBA,CCD,EED. El llamado soneto françoiseses se diferencia del anterior sólo en la rima del último terceto; su estructura es ABBA,ABBA,CCD,EDE, y fue cultivado por autores de la importancia de Pierre de Ronsard y Joachim du Bellay. El período de esplendor del soneto francés llega hasta mediados del siglo XVII. Apenas tiene presencia en el XVIII, pero es revitalizado en la centuria siguiente por los poetas del parnasianismo, como José María de Heredia. Los parnasianos introducen modificaciones formales en el soneto, como introducir cuatro rimas, en lugar de dos, en los cuartetos (ABBA,CDDC); introducir un pareado final (a semejanza del soneto inglés); e incluso colocar los tercetos antes que los cuartetos. El soneto tiene una gran importancia en la obra de Charles Baudelaire, quien utilizó varias combinaciones diferentes. También Paul Verlaine y Stéphane Mallarmé cultivaron con asiduidad el soneto.



SONETO EN LENGUA INGLESA


El introductor del soneto en Inglaterra fue Thomas Wyatt (1503-1542), traductor de Petrarca y autor de unos treinta sonetos propios. Henry Howard, conde de Surrey, inició la transformación de la estructura tradicional del soneto, heredada de Petrarca, preparando la aparición del llamado soneto inglés, cuyo representante principal es William Shakespeare.

El soneto inglés, llamado también soneto isabelino por haberse originado durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, tiene la siguiente estructura: ABAB,CDCD,EFEF,GG, esto es, se compone de tres serventesios y un pareado.

Edmund Spenser (1552-1599) escribió sonetos en verso blanco, es decir, prescindiendo de la rima, denominado en los países anglófonos spenserian sonnet (o soneto spenseriano). Algunos de los más importantes sonetistas en lengua inglesa han sido, además de los citados, John Milton, William Wordsworth, Dante Gabriel Rossetti, Thomas Hardy. En Estados Unidos destacan Longfellow, Jones Very, G. H. Boker y E. A. Robinson.



SONETO EN LENGUA PORTUGUESA


El soneto en lengua portuguesa fue cultivado por autores como Sá de Miranda, Luís de Camões y Antero de Quental.



SONETO EN LENGUA CATALANA


La estrofa aparece por primera vez escrita por Pere Torroella (1436-1486) y se difunde ampliamente a lo largo del s. XVI. Su máximo exponente es Pere Serafí, autor de sesenta sonetos -catorce de ellos con estrambote- publicados entre 1560 y 1960. A lo largo de los siglos XVII al XIX fue utilizado habitualmente, pero fue progresivamente abandonado por los poetas románticos. Los autores parnasianos y simbolistas lo recuperaron y con mayor o menor fortuna no ha dejado de ser cultivado hasta nuestros días. Entre los contemporáneos, fueron excelentes sonetistas autores tan dispares como Jeroni Zanné, Josep Maria de Sagarra, J.V. Foix o Joan Brossa. Josep Carner fue el resuscitador del soneto catalán, caído en desgracia durante el Renacimiento poético en esta lengua. Carner utilizó el soneto con una perfección lingüística inigualable y una exigencia formal llena de referencias cultas.



SONETO EN  LENGUA ALEMANA


Georg Rudolf Wekherlin y Ernst Schwabe fueron los introductores del soneto en alemán. Utiliza alejandrinos en lugar de endecasílabos. Pentámetro yámbico. Andreas Gryphius sonetos de tipo metafísico y religioso

Otros autores son Stefan George, Hugo von Hoffmannstahl y Rainer María Rilke.




Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.


Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.


Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.


Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.


                LOPE DE VEGA

Santiago Redondo Vega:
El soneto es, desde mi modesto punto de vista, la composión poética que más esfuerzo exige, por el corsé de exigencias que reclama, aunque cuando se le dedica tiempo termina por gustar y por hacer que broten los versos al primer intento con la mayoría de los condicionantes necesarios. Luego será labor del poeta ir puliendo estadios y recovecos. Siempre genera controversias entre quienes piensan que es una estrofa demasiado clásica y quienes, como yo, entiende que no es la estrofa sin el poeta quien debe modifcar su lírica para que se diga hoy y con palabras de hoy. Es claro que con tanta exigencia el poeta puede sentirse mediatizado en cuanto al uso de términos que lleguen a hacer que el poema suene a clásico. Pero es sus manos está tratar de variarlos. Me permito publicar aquí un par de sonetos míos, para demostrar -creo yo- que ambos campos son posibles: lo "clásico" y lo "moderno".

Quizá clásico:

CELOS DEL MAR

Es del mar, de tu mar, que tengo celos,
de sentir que te abraza y que te mece,
de esa sal que te exhala y te estremece,
te desviste y te viste azules velos.

De las olas del alba mis desvelos,
que acarician tu piel, ora amanece,
rojo espejo de sol, ora atardece,
mientras accedes tibia a sus anhelos.

Celos del mar, amor, bravo y en calma,
de su horizonte esquivo, sal y arena,
que con su lengua azul lame y ensalma

sobre tu cuerpo núbil mi condena;
que penetra en tu sexo y en tu alma
y embarranca mi paz hundida en pena.


Algo menos clásico:

YO TAMPOCO

Yo tampoco fui niño que creciera en el vicio,
soy el hijo preñado de una dura posguerra
que arrancara de cuajo, que tirara por tierra
a una España tirana, dividida y sin juicio

que luchó frente a frente, sin siquiera armisticio
entre hermano y hermano. Cuando el arma se aferra
a ser juez de los hombres ya cualquier vida es perra,
nadie es libre de nadie; sangra cada intersticio.

Ahora somos los hijos de unos padres lejanos
que perdieron la infancia disparando fusiles
que mataron sin odio, que murieron por miles.

Ahora somos los padres de unos hijos pueriles
que precisan de aromas de unos mundos tiranos
que los icen a un tiempo de los pies y las manos.


Saludos.

Santiago Redondo Vega.

Rosario Alonso:
Eres un gran sonetista Santiago, y como bien dices el lenguaje clásico se puede adaptar a las nuevas exigencias idiomáticas de nuestro siglo.  Preciosos los dos poemas.

Un besp

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