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Autor Tema: Presentacion nuevo libro del poeta CESC FORTUNY I FABRÉ  (Leído 2288 veces)
Pilar Iglesias de la Torre
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hasetsup7@hotmail.com
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« en: 25/Oct/2014, 12:45 »

Queridos amigos,

Tenemos el gusto de presentaros el libro del poeta catalán:

CESC FORTUNY I FABRÉ:

"La dolorosa partitura del miedo"

publicado por ALKAID EDICIONES

 Giñar Giñar Giñar Giñar Giñar Giñar

Número de páginas: 64
ISBN: 978-84-942649-0-0
PVP: 10 euros
Pedidos: hasetsup7@hotmail.com

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http://www.alkaidediciones.com/tienda.html



Ponemos a continuación algunas referencias que sobre su poética se dicen:

"Para Cesc Fortuny, todo es cuerpo: la naturaleza es un gran cuerpo, y el cuerpo se arraiga en la naturaleza, se hace naturaleza. El sexo se practica con el cosmos, frenéticamente, como si el individuo persiguiera una fusión universal que lo rescatara de la individualidad. En su caso, la torsión de la palabra es una forma capital de representar el sufrimiento, la dislocación de la conciencia, pero también de exprimir la vida, de vivir más, de ser más, de sentir el calor de la sangre y experimentar con lucidez el gozo negro de la desaparición"
Eduardo Moga

"En su “yo poético”, Cesc no solo oculta muy hábilmente parte de su “yo personal”, sino que lo hace con su peculiar uso de las palabras que escoge, extraídas siempre de ese oscuro pozo engendrador al que suele asomarse".
Albert Lázaro-Tinaut

"Me cuesta respirar cuando regreso de los poemas del Chamán Fortuny, entonces la respiración es boca a boca, y él, como una hermosa bestia delirando sobre el lodo, viene y se despacha este poemario. Y entre los dientes me queda un aroma a ortiga después de la lluvia de su insomnio. Que se haga religión su poesía. Porque templo ya se hizo"
Sarco Lange

"Gira la palabra: distorsiona naufragios, rapta del horizonte el fulgor que vaticina lluvia. Cuando calla Cesc y se abren sus cancelas, caballos desbocados muerden preposiciones en el miedo al vacío que nos nombra incesante, sin final ni principio."
Federico Gallego Ripoll

"Son pensamientos muy concretos los que me dedica Cesc. Recuerdos de esos ruidos que crea, que te transportan al infierno de los sonidos. Me gusta más cuando canta, nadie imaginaría que su universo interior proyecta poemas repletos de dolor y del más profundo arraigo a la vida. Felicidades, poeta. No dejes nunca de provocarnos con tu obra".
Beatriz Pérez Sánchez

"Poesía que nace de lo irreal, que es imagen del horror hecha palabra. Poesía cuyos hábitats naturales son el desasosiego y la destrucción. Animal del caos aullando desde el abismo, Cesc Fortuny nos ofrece en su obra un pozo de agua estancada donde, al asomarnos, vemos reflejados nuestros miedos más esenciales: la incomunicación y el sinsentido".
David Francisco

VARIACIÓN SOBRE UN FRAGMENTO DE LA DOLOROSA PARTITURA DEL MIEDO
"Surge una boca de la tela de araña y la araña como el tejido tiembla. Trémulo, el octópodo  casi grita: la mosca resucita, su lengua liba en el aire tibio el humor blando del arácnido, la abundancia de una sangre por la que ha pasado el tiempo licuando en su vientre los pétalosturquesas del anochecer. Nadie vela del díptero la venganza".
Manuel M. Forega

 Giñar Giñar Giñar Giñar Giñar




Apuntamos alguno de los poemas incluidos en él:



Ríos que van a cultivar moho en la boca de los pantanos


Me corroerán las hormigas anocheciendo el horizonte, desmoronando su definitivo ímpetu, mitad masa mitad coma. Se conmoverán las flores grises en tu tierra aturdida y me extirparé la costumbre de los ecuadores raptados, para que un cascabel de homicidios arrastre la madera de mi memoria hasta el quirófano del bosque.

Porque soy amuleto, porque soy brazos y arena vieja, porque soy mayo y desierto y porque una lluvia de moscas anuncia mis huellas, justo cuando la raza se agota buscando refugio en los féretros. Ya tomaste tu píldora de gritos y silencios para que tu madre descubra los peces que oscurecen la nieve y se quede ciega con el fulgor del hueco, con la sordera de la luz que pretende esconderse antes de que los caballos hundan sus ojos en la carne.

Y como enfermos ríos que van a cultivar moho en la boca de los pantanos, los más hermosos  penitentes esparcen su color esencial, donde hoy la noche que ha olido tu muerte se persigna el ácido rostro, aroma de tiza y de vida.

Me comerán las hormigas en abril de oro, mas los tonos rosa de ningún insecto, no huelen ni han olido nunca a primavera. Me dolerá, igual que duele el encuentro a las preguntas que moldean el  obstáculo, antes de que la luz del sol nos huya dejando al día desnudo.

Minas,
            cosmos,
                          noria.
                                   Tala y arrástralo todo.


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En tu gran asfalto ya no queda agua

... y la palabra se hace carne lentamente
en el último andamio capaz de sujetar el mar.
Marian Raméntol Serratosa “En cada color abandonado”



El padre extiende el árbol por la carretera ramificada de las cenizas, en las tinieblas que se encuentran  recalentadas por el suicidio de las iglesias. Tu sufrimiento es la guerra de los fantasmas que comen tinta para estar de luto y que prestan su espíritu a la lluvia, cuando los niños encuentran  la sala en la oscuridad, ésa donde las moscas cancerígenas flirtean con el abismo.  La piedra filosofal  exhuma al viento de su sepulcro, en el instante en que sólo quedamos nosotros repasando mentalmente los dientes de una madre que se ha vuelto caníbal y busca  la muerte entre sus hijos.

En el gran asfalto ya no queda agua, ni tampoco cabezas para plegar las nubes, arrastrando moho contra el ave decapitada. Hiervo las alas de un ángel sobre mi lengua para esparcir físicamente su fuerza por el gran círculo de la muerte.

En tenaz festín, la luz jamás encendida recorre su promesa en el santo sepulcro de un estómago deshecho, que se masturba y devora a los muertos en las fosas nasales de nuestra antropofagia. Una sábana blanca para cubrir la dispepsia divina que nos acecha desde los niños guardianes, persigue corazones de fantasmas y les pudren las entrañas con dientes de gusano.

Por todos aquellos ataúdes que florecen jóvenes en el regazo de una digestión sagrada, debemos  reír entre dientes, antes de que los fermentos de la primavera terminen por compartir nuestras pesadillas con las sombras de la tierra.

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El asesino de los cardos desea la muerte de la armonía


Donaría todas mis madrigueras, desterrando el desgarro del hombre y traicionando la savia en lapso de trance, para que la última bomba de hielo proscriba las entrañas de mi borroso designio.

Laguna sin linaje que desliza silente el sol que se agota, aspereza del agua, por el hueso rechazado y sin enigma.  El de los insensatos que habitan en un bosque de arena y  tienen el alma perdida cuando el ave calmosa huye con el quebranto de un soplo. El útero de los versos empuja la savia,  y el sol vestido de barro, saltando al mundo de los añicos, se clona en los glaciales poetas.

Los hijos de la humedad se evaden de las caricias bailando igual que leones rotos que navegan en la mudez, por todos los huesos turgentes del huracán soplado, y contenidos por las brisas del exilio. Los ojos en el crimen, obturados cual pedazo de calle, te llevan de la mano por el murmullo de los sueños.

Con cien ángeles que caen sobre la estera negra, allá donde nació el horizonte,  una masa compacta de alimentos podridos suplica a las farolas, el bombón de los perros,  la carroña de las lágrimas.

La religiosa  muerte  del plomo,  rosa rota  de sexo denso,  reflexiona sobre el temblor de la carne y el soñar de la linfa.  El asesino de los cardos desea la  muerte  de la armonía,  a manera de  un ritmo fresco  que no salga  de la misteriosa impaciencia del gato.


La barca prospera paciente y oscura, reloj de alquitrán babeado sobre una brisa de luces.


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La mano es un nido secreto y humilde


Los perros, dislocados de la médula que el hombre arroja, no pueden acatar la lluvia del Arquitecto en los arrabales de su simiente sin que los sudores de la carne embarazada, incómoda bajo las uñas del astro perseguido, busque su materia en la cárcel que aferra la escasez a la raíz del moribundo. Nuestros corazones se ahogan en el vértice de una cama, en la soledad de los hongos o en la hostilidad de las cifras, y renace el mar, cual suicida que se descuelga del instante, para ladrar por las madres que florecen de los relojes soltando la corteza de la nada.

Olido en tu sexo, mi nombre ahora roto, cabalga oscilado para no respirarme en mi apetito, y la Biblia es vehículo lento que se sabe espejo de babosas en el exilio de los ríos. La mano es un nido secreto y humilde, que viaja sin sustancia por los glaciales objetos del mundo, grabada en nuestra amnesia.

Las plantaciones dormidas arden a modo de velas turbadas que se desmoronan sobre el desolladero  de las ardillas.

Bellos, como el temblor de manos del alcohólico, nuestros bosques nocturnos forman alfombras de fantasmas, que cuando el sol resbala traslúcido, se tornan paisajes hambrientos que vomitan arroyos de herrumbre. Me atan a mares de pequeñas jeringuillas, a océanos de piedra, a la monotonía de la tribu y al vigor de las luces osciladas que flotan en la tiniebla.

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 Giñar Giñar Giñar Giñar Giñar

« Última modificación: 30/Dic/2014, 16:13 por Pilar Iglesias de la Torre » En línea

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