TERCERA TEMPORADA
Cuando el viento sopla
arrastra consigo los cuerpos desnudos,
desprendidos de amplias hechuras,
tan desnudos como el propio espacio.
El árbol, cada árbol de temporada,
pretende arañar el cielo,
desgarrar las nubes, buscar, entre ellas,
como viajero perdido, el sol de primavera.
Huelo el otoño, olor de pérdida.
La frialdad emana de la tierra,
campos santos de estación penitencial
de tanto recibir a las penas.
Este poema está escrito en otoño, por si alguien no se ha dado cuenta, ejem.
