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Hubo
un tiempo en el que todo era umbrío, en el que la
oscuridad parecía impregnar los renglones y la voz perecer
día a día, sobre un campo yermo. Un tiempo de reinado
de las leyes de la selva, en el que el nacimiento de principios,
suponía la ablación del mensajero.
Un tiempo de
tectónica convulsa mientras comenzaban a definirse coordenadas
sobre las que pudiera subsistir una sociedad madura.
Y, a pesar de esa cruenta dialéctica, fueron grabándose poco a poco los epígrafes miles de años
de través de la biografía social de la humanidad. Mutación tras mutación en la forma de pensar,
para ir tallando cada gen del eje cartesiano que permitiera la densidad de los cimientos y la solidez precisa para el
establecimiento de un ideario.
Fue duro el comienzo y aún más dura la certeza de que apenas estrenábamos camino quedando por definir
un horizonte. Pero, era ese vestíbulo sincrético, punto de partida del edificio a construir, núcleo
fundente de energía que dotaba de fuerzas el amanecer. Así los pasos, en las sucesivas páginas de la
historia.
Mas, nunca debemos minusvalorar las alimañas por mucho que durmieran ya en superadas capas geológicas, pues,
cualquier fractura inesperada puede sacar a relucir los fósiles e incrustarse como elemento de erosión, en la
aleación del más férreo metal.
Habíamos llegado a una meseta, un consenso en el que parecía inviolable la arquitectura fundamental de las
claves irrenunciables que nos hacían ser más, nosotros mismos. Sin embargo, entre la hierba, el siseo de
las víboras pernocta como dolencia replicante, fluyendo a borbotones en la trazabilidad social retrotrayéndonos
a estados de conciencia que creíamos agónicos.
Ahora, asistimos al desmembramiento de un corpus cosmogónico en el que el bienestar individual y colectivo
y la formación constante de la mente, son asaeteados por láseres de opaca procedencia en una implacable
voluntad reductiva de conceptos. ¿Volveremos a ese tiempo umbrío, ese circuito estigmatizado de ausencia
de valores? ¿Volveremos a la hibernación del astrolabio, a la afonía, al isoeléctrico cero
del líquido nitrógeno?
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