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Hoy, cuando gracias a estudios científicos logrados
en los últimos siglos, sabemos que sólo somos "Un pálido punto
azul en el Universo" en palabras del gran astrofísico Carl Sagan.......
Hoy, nos encontramos atrapados en el perverso círculo vicioso iniciado al
comienzo de la socialización de la humanidad en el que, separándonos de la
lección de otras especies, pusimos por encima "la cultura del tener"
, sobre "la cultura del ser". Ese mezquino caminar en el que el marketing salvaje
maquilla sin contrición el aplastamiento de los valores codificados como salvaguarda
de la supervivencia de especie en favor de conceptos anticooperativos de concentración
de poder, se caracteriza entre otras cosas, por una patología de consciente ceguera avanzando a una velocidad de vértigo hacia el abismo insoslayable.
Ha habido, sí. Ha habido y hay, voces que, a lo largo de la historia, se levantan como alerta e intención de revertir el proceso.
Son por ejemplo, individuos con visión a largo plazo y gran sentido de la empatía, u organismos internacionales dictando líneas
estratégicas a seguir. Es por ejemplo, la Declaración de los Derechos Humanos.
Sin embargo pasa el tiempo. El croquis general está diseñado, pero la hipnosis voluntaria de los poderes fácticos continúa
masacrando con eufemismos cualquier asignatura pendiente.
Retomando el pensamiento de Sagan: "Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso es nosotros. En él se encuentra
todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas.
La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y
recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada,
cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”,
cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en
un rayo de luz del sol. La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre
vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una
fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese píxel para
los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros,
lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición
privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran
envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará
desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos."
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