|
Desde
que el hombre es hombre,
dentro de la comunidad
siempre ha habido
elementos
individualistas cuyo
objetivo es el beneficio
propio sin importarles
la destrucción de la
propia comunidad a la
que pertenecen, y a la
postre, su propio
suicidio a medio o largo
plazo. La estrategia utilizada por ellos
también ha sido una constante a lo largo de la historia: la manipulación del pensamiento
de los demás mediante la utilización de sus miedos, creencias y el fomento de la ignorancia,
el chantaje ejercido sobre sus puntos débiles, el engaño y el ofrecimiento de prebendas
de participación en los futuros beneficios del poder. Esta mezquina y consciente opción
de los manipuladores, puede ser desmontada mediante el análisis punto por punto de cada una de
las premisas sobre las que se sustentan, ya que ninguna de ellas conlleva ningún valor añadido
para la colectividad, ni ningún sentido de la cooperación. Es decir, su marco ético,
es inexistente.
Es evidente por otra parte, que una vez establecido, por pequeño que sea, este círculo
oligárquico se resistirá por todos los medios posibles
a ser reconducido en beneficio de la sociedad. Pero, aunque se hayan revestido de todo un corpus legislativo como
sistema teórico democrático para el blindaje
de sus posiciones, la sociedad no sólo está legitimada para tratar de subvertir la situación,
sino que está obligada a defender
los derechos del conjunto social, frente al de esos pocos que la llevan a su destrucción.
Este cambio de rumbo
a su vez, no debe de caer en los mismos defectos estructurales o estratégicos, que aquellos
que quiere cambiar, pues en el momento que lo hiciere, quedaría automáticamente deslegitimado a su vez.
La madurez social ha de moverse por parámetros éticos,
en los que el sentido de cooperación, respeto y equidad, sean los ejes vertebradores de cualquier planteamiento y acción.
Ahora, en este mismo momento, no sólo a nivel local, sino global, estamos asistiendo al empleo de unos índices de utilización
de poder en cualquiera de sus modalidades, como nunca se han visto a lo largo de los siglos de existencia de la humanidad.
Es por ello urgente el desenmascaramiento de los sofismas y la construcción de unos
cimientos diferentes antes de que ni siquiera podamos asistir a la agonía de la hoguera social.
Que no sea el miedo o la ignorancia, los que paralicen el único latido que puede dar vida a un sistema con futuro.
|